Ni nos falta razón, ni nos sobra razón

4 de mayo de 2006

Una ilustración para el Islam

En su vehemente proceso al islam y al estatus de inferioridad legal y de sumisión de la mujer que prevalece en la mayoría de países musulmanes, Telima Nesreen, Ayaam Hirsi Ali y otras emancipadas de su credo religioso han evocado y evocan repetidas veces el nombre del autor de Cándido: "Permitidnos un Voltaire... Dejemos a los Voltaire de nuestro tiempo trabajar en un entorno seguro en el desarrollo de una época de ilustración para el islam".

(...)

el mundo islámico de 2006 necesita muchos Voltaire para salir de su atraso, ignorancia y de las luchas sectarias que le desgarran. El cambio de estatus de la mujer, este subproducto nocivo de raíz bíblica -la fórmula es mía, no de Voltaire- constituye un instrumento indispensable para todo proyecto modernizador y algunos pasos recientes en la buena dirección deben ser alentados. Pero, junto al Voltaire radical en su lucha contra la intolerancia, hay mucho que aprender también del que se esforzó en analizar con pragmatismo la diversidad y antinomias de las sociedades musulmanas de su siglo, por muy diferentes que sean de las del nuevo milenio.
Lo escribe Juan Goytisolo en El País, y me parece muy recomendable. Hace tiempo que tenía pensado escribir algo en este tono, porque el tema da para mucho. Mi proyecto sigue aparcado; mientras, merece la pena leer el texto completo de Goytisolo, que sabe de lo que habla.

6 comentarios:

MiguelNR dijo...

Para que haya una nueva Ilustración, esta vez en el mundo islámico, sería necesario que hubiera una nueva clase acomodada con un alto nivel cultural.

En ello incide, por un lado, el estado económico de los Estados; iniciativa privada, crecimiento, creación de empleo, etc... y por otro lado, que la cultura no sea censurada por los Gobiernos.

Es decir, lo que habría que provocar, es el conato de una nueva revolución burguesa, de gente que tenga poder e influencia para cambiar su país y que tenga una visión más racionalista y cosmopolita del mundo.

Los gobiernos más fundamentalistas mantienen una economía totalmente intervenida, muchas veces no con una motivación redistribuidora de la riqueza, sino con una voluntad de dominación (como paso aquí con Franco), y por otro lado, mantienen fuertes restricciones a la libertad de prensa, de reunión y el acceso a la cultura extranjera.

La justificación es la de siempre "esa cultura no es de aquí, y si entra, es para colonizarnos", ese "aquí" y "allí", ese nacionalismo con tintes religiosos les sirve para justificar su aislamiento internacional, y evitar el cambio de ideas y la apertura.

Se pueden hacer paralelismos con muchos otros países en otros momentos de la historia, y la lógica es muy similar.

RinzeWind dijo...

Un Voltaire en el mundo islámico de hoy en día no es factible. Primero debe llegar la moderación, y luego las ideas arriesgadas.

Jeremias dijo...

Y no tiene que ser necesariamente un Voltaire. Eso también lo apunta el artículo.

Además, como dice Miguel, mientras no haya cambios sustanciales en los Gobiernos de la zona, la cosa es muy difícil.

MiguelNR dijo...

El caso de China por ejemplo.

El gobierno chino no da a basto para controlar a toda la población, y la masa específica de evolución tecnológica y económica es tan inmensa, que estoy completamente seguro de que las nuevas generaciones de chinos irán filtrándose en todos los niveles de poder del Partido Comunista y harán imparables los cambios.

Será un cambio muy lento, mucho, pero se va a dar.

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