Ni nos falta razón, ni nos sobra razón

7 de mayo de 2006

Manifiesto por un Islam ilustrado

He visto en Barcepundit este interesante texto de Malek Chebel, un antropólogo argelino. Además de recoger su opinión sobre algunos temas de actualidad, incluye 27 propuestas para reformar el Islam.
Most of Chebel's propositions deal with politics: He advocates an independent judiciary, the preeminence of the individual over the Islamic nation, and the struggle against political assassinations in an effort to promote democracy in the Arab world. He also advocates fundamental cultural changes, such as turning freedom of thought into a Muslim value, renouncing the cult of personality, respecting the other, and fighting corruption.

His other propositions address technology, bioethics, ecology, and the media. The last one reaffirms the preeminence of human beings over religion. Chebel's propositions aim at providing keys to a modern, reformed, enlightened Islam.

5 comentarios:

Mario Toledo dijo...

No creo que el islam necesite una reforma. La religión, en sí misma, no es especialmente negativa (de hecho, en sus planteamientos, no es más negativa que cualquier otra religión, como, por ejemplo, la católica). En realidad, quien necesita un cambio son los gobiernos teocráticos de los países islámicos, donde los mandatos de la religión se tergiversan para tener atado a un pueblo bajo el miedo a un dios supremo. Un dios que delega su autoridad en los gobernantes, convirtiendo este mandato divino en un aval para cometer cualquier tropelía en nombre del islam. Mientras estas ideas sigan presentes en el mundo islámico, no habrá nada que hacer,... seguirán en su particular Edad Media.

Jeremias dijo...

Los cambios de Gobierno son, para mi gusto, un primer paso necesario. Pero ha de ir acompañado de una revolución social, como ya ha comentado Miguel en otro post y, por supuesto, de una ilustración que ayude, en cierto modo, a relativizar la situación y la relición.

Se puede ayudar a que todo esto suceda, pero con humildad. Sin creer que lo de Occidente es lo mejor. En ese error caemos, por desgracia, demasiado. Y se debe a la ignorancia.

MiguelNR dijo...

El error principal es creer que los cambios que se dieron en Occidente se dieron por ser occidentales, había condiciones y factores que se apellidan "occidentales" por una mero accidente histórico, pero da igual el apellido que tengan, lo importante es lo que son.

Muchas veces hay una confusión semántica en esto.

Hay que saber trascender la lógica de dichos cambios del contexto cultural más accesorio.

Seguramente las democracias islámicas del futuro no serán exactamente iguales que las occidentales, al igual que pasará con China, pero lo importante será conseguir un nivel sustancialmente respetable en cuanto a la dignidad del hombre.

Anónimo dijo...

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alejandro dijo...

La mayor amenaza que acecha a la humanidad en el siglo XXI es la creciente e imparable expansión del Islam. Esta religión atroz que fundara por el siglo VI después de Cristo un asaltante de caravanas psicópata llamado Mahoma, y que a su muerte agrupaba únicamente a unas mil personas, hoy suma mil quinientos millones de adeptos distribuidos en la mayor parte de África, Sur y Este de Asia, Europa y Estados Unidos. En Latinoamérica aún son una minoría afortunadamente (Con los católicos ya tenemos bastantes problemas en que ocuparnos por el momento)



De todas las religiones que el hombre, en su infinita maldad y estupidez ha concebido, la musulmana se erige como la mas atroz y abominable de cuantas han existido. Se necesita tener un dedo de frente para negar una verdad tan evidente: el Islam es una peste.



La religión musulmana fue fundada por Mahoma, un asaltante de caravanas venido a menos proveniente de la península arábica, quien en algún momento de su malnacida existencia descubrió que la gente a su alrededor era lo suficientemente idiota como para creer que Alá se le aparecía periódicamente, lo proclamaba su profeta en la Tierra y le encomendaba tomar dictado de su palabra. Durate el Ramadán, en el interior de una cueva y como en el aura de un ataque epiléptico, escuchaba sonidos extraños y fingía entrar en trance. Era entonces cuando Alá se manifestaba ante el para dictarle los versos de ese compendio infame e ilegible de estupideces que hoy conocemos con el nombre de Corán.



Libro atroz como ninguno, el Corán no sirve ni como lectura de emergencia para conciliar el sueño en una desesperante noche de insomnio. Si acaso se lograra conciliar el sueño leyendo sus páginas, sería solo para pasar una larga noche de pesadillas. A lo largo de su inútil existencia, Mahoma se dedicó a redactar una serie de versos espantosos en los que dictó la forma en que sus adeptos debían regir sus vidas hasta en el mas ínfimo e insignificante detalle. Consiguió convencer a un rebaño de imbéciles de la veracidad de su palabra con una estrategia simple que se ha usado un millón de veces a lo largo de la historia de la Humanidad: Sus enseñanzas no provenían de su mente obtusa, sino que eran nada más y nada menos que la palabra de Dios. Eran por tanto infalibles e inatacables. Quien se opusiera a los mandatos contenidos en sus versos, no se oponía pues a Mahoma, sino a Dios, y era por tanto un hereje que debía morir por su crimen. Como ya dije, es evidente que Mahoma no fue el inventor de esta estrategia tan simple en apariencia y que sin embargo, sigue siendo hasta el día de hoy el pilar sobre el que descansa la estructura de toda religión. Las “escrituras sagradas” de todas las religiones se sostienen en el mismo concepto.



Para adentrarse a las páginas del Corán sin horrorizarse, dormirse o vomitar en el intento, es preciso entender el contexto en el cual fue redactado. Y tomarlo como lo que es: un compendio de todos los vicios, amenazas y prejuicios que una mente medieval tenía a su alcance para sedar a un pueblo y obtener el poder y dominio absoluto sobre el. Solo de esta forma es posible leer estas aberraciones sin suicidarse en el intento:




“Si teméis no ser equitativos con los huérfanos, no os caséis más que con dos,
tres o cuatro mujeres” (sura 4, versículo3)
“En el reparto de los bienes
entre vuestros hijos Alá os manda dar al varón la porción de dos hijas” (sura 2,
versículo 12)
“Jamás ha sido dado a un profeta hacer prisioneros sin haberlos
degollado ni cometer grandes sacrificios en la Tierra” (sura 8, versículo
68)
“Felices son los creyentes que limitan sus goces a sus mujeres y a las
esclavas que les procuran sus manos diestras” (sura 23, versículo 6)
“¿Hemos
creado acaso ángeles hembras?” (sura 37, versículo 150)
“Las peores bestias
de la Tierra ante Alá son los mudos y los sordos, que no entienden nada. Si Alá
hubiese visto en ellos alguna buena disposición, les habría dado el oído. Pero
si lo tuvieran, se extraviarían y se alejarían de él” (sura 8, versículos 22 y
23)
“Mata a los infieles donde los encuentres” (sura 9, versículo5)
“Yo
sembraré el terror en los infieles y vosotros cortadles las cabezas” (sura 8
versículo 12)
“A los que les hacen la guerra a Alá y a su Profeta mátalos,
crucifícalos, córtales las manos y los pies” (sura 5, versículo 37)
“Cuando
os encontréis con infieles, mátalos y haz con ellos una carnicería” (sura 47,
versículo 5)




Esto es pues el Corán: Un compendio insufrible de maldad y estupidez humanas. En sus páginas se encuentra quizá el peor intento de la humanidad de dar legitimidad dívina a la intolerancia religiosa, el oscurantismo, la homofobia, la violencia, la misoginia, el esclavismo y la unión inseparable de la religión y el Estado.



Sabemos que para el Islam la coexistencia con otras religiones es imposible: “Mata a los infieles donde los encuentres”. Mas claro ni el agua. De ahí nace su precepto sagrado de emprender la jihad o guerra santa en contra de toda religión, país, pueblo o persona que se atraviese en su camino. Es este el único secreto de su éxito: la espada. Una religión tan estúpida se habría extinguido hace siglos si no fuera por los asesinos entre sus filas que se han dedicado a imponerla con la muerte y el terror sobre la faz de la Tierra. Como otras religiones, aplasta a los infieles en sus dominios, pero exige tolerancia religiosa en aquellos países en los cuales aún no esta al mando. De esta forma, en Europa, los buenos maridos musulmanes defienden su derecho divino de mantener encerradas a sus esposas en casa, hasta su regreso del trabajo, argumentando que sus creencias religiosas así lo permiten. ¿Creerán estos imbéciles que los preceptos de su religión se encuentran por encima de los derechos humanos?



El musulmán se siente libre de estrellar aviones en edificios o de atarse explosivos y volar en mil pedazos en un mercado atestado, sin el temor de ser juzgado. Después de todo solo esta siguiendo los preceptos de su religión. ¿Cierto? Después de todo no bebe alcohol, no come cerdo y reza cinco veces al día. ¿Qué tan malo puede ser alguien que no come cerdo?



El Islam nació en la Edad Media y como tal pretende estancar a sus adeptos en el oscurantismo medieval indefinidamente y arrastrar de paso al mismo destino, a todos aquellos países que toleren su infiltración. La homosexualidad esta institucionalmente prohibida por el Estado en los países musulmanes y aquellos que incurren en ella son presa de tortura y en última instancia de la pena capital. Para el Islam, la mujer, en términos simples, es escoria humana. Institucionalmente inferior, vale menos que una mesa. Carece de alma y su propósito en la Tierra es entretener sexualmente al hombre, darle descendencia y hacerle de comer. Cualquier desviación de estas simples tareas la expone a castigos desagradables como son por ejemplo, el morir apedreada por una chusma de débiles mentales. Pero el más peligroso aspecto que esconde el Islam es esa desviación que liga inextricablemente el gobierno de sus súbditos con su religión. De esta forma se fomenta la constante aparición de tiranos y psicópatas oportunistas que legitiman sus gobiernos en el Corán y dictan sus mandatos a la población como quien proclama la palabra de Dios. El veneno del Islam tiene en el Estado la más peligrosa arma para aplastar a sus pueblos y someter por todos los medios a otros. Le hace posible por ejemplo, intimidar a otros pueblos con la reciente amenaza de fabricar o usar armas atómicas, haciendo uso, dicho sea de paso, de ciencia y tecnología prestadas del Occidente. Las armas atómicas son una aberración en manos de cualquiera, pero para que la competencia fuera justa, los musulmanes deberían llegar a la tecnología para fabricarlas por sus propios medios. De esta forma tendríamos que esperar un millón de años para ver a un país musulmán en posesión de un arma nuclear.



¿Qué decir a favor de aquellos que rigen sus vidas con el Corán? Su esperanza mas indulgente es que el resto de la humanidad se compadezca de su retraso mental. O se ría de su estupidez. Pero eso no basta. Es preciso que la civilización occidental emplee todos los recursos pacíficos a su alcance para frenarlo, en este momento en que todavía hay tiempo. Si no lo hace, en el futuro no tendrá mas que dos opciones: Someterse a la barbarie musulmana o defenderse por la fuerza. La historia del siglo XXI estará marcada por el choque de estas dos civilizaciones (Empleamos aquí el término “civilización” para referirnos al Islam como un decir)



Según algunas estadísticas, y de continuar la tendencia actual, en unas cuantas décadas Europa será mayoritariamente musulmana. Eso es un dato ATERRADOR. La civilización occidental se acerca silenciosamente a un abismo y aún no se da cuenta de ello. Es cierto que dicha civilización occidental no es perfecta, y que ha conseguido sus mas preciados avances (La democracia, la libertad de pensamiento, la ciencia) a pesar de, y no gracias a sus respectivas religiones mayoritarias (Es decir, el cristianismo y el judaísmo), pero la prefiero infinitamente a la ausencia de civilización que nos propone el Islam. Si permite que el Islam la doblegue, sufrirá un retroceso irreparable y un golpe mortal del cual difícilmente podrá reponerse.

Pasado está...

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