Ni nos falta razón, ni nos sobra razón

18 de marzo de 2006

Irán, desde dentro

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Ordinary Iranian Muslims may well be dismayed by images they view as racist. But the 12 million citizens of their capital, Tehran, are far from alight with rage. Most do not support violent attacks on European diplomatic missions and have stayed away from the demonstrations. Iranians in any case have no real freedom of assembly; only a week earlier, hundreds of Tehran bus workers were imprisoned in an effort to crush their strike. So an attack by a 400-strong crowd whose members injure police officers and burn a car at the embassy compound cannot be seen as a spontaneous protest, but is rather a foreign-policy directive from a faction trying to isolate Iran internationally for its own ends.

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Es interesante este artículo que me he encontrado repasando boletines de mi correo electrónico.

Merece la pena leerlo y reflexionar. ¿Qué puede hacer un pueblo descontento con sus gobernantes cuando estos son fanáticos que se creen mesías? ¿Qué puede hacer la comunidad internacional contra ellos? ¿Cómo actuar? No es fácil. ¿Hasta qué punto desean los iraníes la energía nuclear como para que ello les lleve a enfrentarse a la ONU?

Es todo un complejo juego de intereses en el que Estados Unidos, China, Rusia, Europa y la misma Irán juegan sus cartas. Y el petróleo es una de las jugadas ganadoras, porque el de Irán es de buena calidad y caro. Aunque hay muchas otras jugadas. Lo malo es que se acaben las cartas, porque entonces ya no hay más partidas que jugar. Al menos no en el tablero de la diplomacia.

Los iraníes lo tiene difícil. No es una solución la intervención extranjera, pero tampoco está claro que lo sea una revolución interna, sea o no pacífica. Y no hay resortes democráticos para acabar con Ahmadineyad. Con este tipo de fanáticos en un Gobierno, todo el mundo pierde. Mucho más si se trata de marionetas movidas por religiosos. En el mundo árabe-musulmán (en que me permito incluir a Irán y a otros países) hace falta diversidad ideológica.

1 comentario:

MiguelNR dijo...

En ese último enlace está el verdadero error.

Como la lucha intelectual contra el colectivismo musulmán está liderado por la derecha (Cato Institute), todo esta lleno de retórica Neoliberal, y esto es visto como una confrontación excluyente de todo lo que representa ahora el mundo islámico.

Parecen decir "para ser demócratas, teneis que renunciar a todo lo que sois", y eso no es aceptable para casi nadie.

De la misma manera que en Cuba la transición vendrá con la fragmentación de la izquierda (en donde el partido socialdemócrata cubano tendrá mucho que jugar), y no desde Miami, el cambio en el mundo islámico vendrá del islamismo moderado, es decir, una nueva forma de "islamismo democrático", pero nunca de un "paquete integral" de corte extranjero, sin acento musulmán y que aspira que esas gentes renuncien a muchas de sus tradiciones políticas sin que ellos mismos sean protagonistas del cambio.

Eso no es diversidad ideológica, eso es confrontación ideológica, y lo único que puede hacer es agravar el problema.

Para ello, la izquierda debería comprometerse mucho más en los procesos de cambio en el mundo islámico, y no quedarse solo en el mero rechazo a los ataques preventivos de Bush, que puede convertirse en una retórica improductiva, y poco útil.

Pasado está...

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