Ni nos falta razón, ni nos sobra razón

9 de septiembre de 2005

La Libertad

Y un orador dijo: "Háblanos de la libertad".

Y él respondió:

"A las puertas de la ciudad y junto al fuego de vuestros hogares, os he visto de rodillas adorando vuestra propia libertad.
Como esclavos que se humillan ante el tirano y lo ensalzan mientras él los martiriza.
Sí, en el jardín del tiempo, a la sombra de la ciudadela, he visto a los más libres de vosotros llevar vuestra libertad como un yugo, como un dogal.
Y mi corazón sangró en mi interior: porque sólo seréis libres cuando el deseo de la libertad no sea un arnés para vosotros, y cuando dejéis de hablar de libertad como de una meta y de un logro.

Seréis libres de verdad cuando vuestros días no transcurran sin preocupaciones, cuando vuestras noches no estén vacías de piedad ni de pena.
Lo seréis cuando estas cosas acosen por todas partes vuestra vida y desnudos y sin ataduras consigáis sobreponeros a ellos.
Mas ¿cómo podréis elevaros sobre vuestros días y vuestras noches sin romper antes las cadenas que atastéis, en el amanecer de vuestro entendimiento, alrededor de vuestro mediodía?
En verdad que eso que llamáis libertad es la más fuerte de vuestras cadenas, aunque sus eslabones relumbren al sol y deslumbren vuestros ojos.

Y ¿qué si no fragmentos de vuestro propio yo es lo que queréis desechar para poder ser libres?
Si lo que queréis abolir es una ley injusta, debéis saber que esa ley fue escrita por vuestra propia mano sobre vuestra propia frente.
No conseguiréis borrarla quemando vuestros códigos ni lavando las frentes de vuestros jueces, aunque vaciéis todo un mar sobre ellas.
Y si es a un tirano a quien queréis destronar, cuidad para que el trono que le habéis erigido en vuestro interior sea también destruuido.
Porque, ¿cómo puede el tirano someter al lbre y al altivo, si en su propia libertad no hay tiranía, ni vergüenza en su propio orgullo?
Y si es una inquietud lo que queréis borrar, esa inquietud fue elegida por vosotros, nadie os la impuso.
Y si es un miedo lo que queréis borrar, sabed que el sitial del miedo está en vuestro corazón y no en el puño del temido.
En verdad que todas las cosas se agitan dentro de vosotros en constante abrazo: las cosas que deseáis y las cosas que teméis; las cosas que rechazáis y las que amáis, las cosas que perseguís y las que evitáis.
Todas esas cosas se agitan dentro de vosotros como luces y sombras acopladas. Y cuando la sombra se desvanece, la luz que queda se convierte en sombra de otra luz.
Y así vuestra libertad, cuando pierde sus cadenas, se convierte en cadena de otra libertad mayor."
Gibrán Jalil Gibrán, El Profeta.

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