Ni nos falta razón, ni nos sobra razón

3 de junio de 2005

Sadam

Sadam Husein se hallaba en paradero desconocido. Asad leía para mí los enunciados de sus títulos y las características físicas y políticas del dictador.

Sadam Husein, el que anuncia, el líder glorioso, el descendiente directo del Profeta, el presidente de Iraq, jefe del consejo del comando revolucionario, mariscal de sus ejércitos, doctor en leyes, gran tío de todas sus gentes, solía levantarse a las tres de la noche, tras tres o cuatro horas de sueño.

Adoraba nadar. El agua es el símbolo del poder y el respeto en un país desértico. Fuentes, piscinas, cascadas interiores, torrentes de agua cuya pureza se controlaba vigilando el Ph cada mañana. Sufría dolores de espalda y por ello mantenía una dieta saludable de pescado para controlar su peso.

Como cojeaba, en público sólo caminaba unos pasos. Es miope, así que, como no quería usar gafas para no dañar su imagen, le escribían los discursos con letras en grandes caracteres. Su peso variaba entre 105 y 110 kilos.

Dos veces al día ingería langostas, cigalas, que se hacía tarer en cargas especiales desde el golfo. Los mariscos eran examinados por científicos nucleares que los analizaban y los pasaban por rayor X para cerciorarse de que no emitían radiaciones ni estaban envenenados. Después eran cocinados por chefs europeos a su servicio.

En sus 20 palacios se les preparaban tres comidas al día, por si aparecía. Su vino preferido era el Mateus Rosé.

Tiene un tatuaje con tres puntos de color azul oscuro en el dorso de la mano derecha. Se lo hizo cuando tenía cinco años para mostrar su pertenencia al clan de Tikrit y refleja sus raíces tribales.

Solía dormir breves siestas cada día. Desaparecía media hora. Inluso se levantaba de una reunión, para regresar luego. En 1986 echó al general al-Janabi de una de ellas precisamente para quedarse frito
Este fragmento pertenece al nuevo libro de Ángela Rodicio. Lejos de ser lo que decía PeriodistaDigital, es decir, un libro de autodefensa, es casi un diario de su estancia en Bagdad mezclado con sus experiencias como corresponsal. Bastante interesante.

Ella misma asegura que cubrir la guerra de Irak era su sueño, que se había preparado a conciencia y que ello le impidió ver todas las trampas que se le iban poniendo. ¿Romanticismo? Pues sí, la verdad, y no pasa nada, va perfecto a la situación, como autodefensa. Por el camino, eso sí, le caen 'ostias' a más de uno.

2 comentarios:

Dotakon dijo...

Típico metrosexual, Sadam xD

Jeremias dijo...

Es un compendio de los retratos que, los días posteriores a la toma de Bagdad, hacía la prensa que se distribuía por Irak. Interesante, sin más.

Pasado está...

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