Ni nos falta razón, ni nos sobra razón

18 de octubre de 2004

Faluya: como un elefante en una cacharrería

Así se han propuesto los norteamericanos tomar Faluya: a las bravas. Casi una semana llevan asediando Faluya y aún no hay resultados. Y, por supuesto, la violencia no cesa desde niguno de los dos bandos. Por el camino, hay quien se amotina por miedo y otros que dudan entre dar o no apoyo militar. Para rematar, se rompen las conversaciones de paz.

El sábado me encontré con un amigo del colegio, iraquí, que tuvo que emigrar a España hace ya unos cuantos años, y me dijo que lo que están haciendo los americanos en Faluya es 'como si yo mañana voy a tu cocina y me pongo a cocinar sin saber donde están las cosas'. Tardaría bastante tiempo en hacerse a esa cocina. Sin embargo, el dueño de la cocina haría el mismo trabajo en mucho menos tiempo.
Un curioso análisis. Está claro que el asedio a Faluya sólo tiene un objetivo: acabar con la resistencia por agotamiento. O sea, un asedio. Porque no pueden entrar a la ciudad, ya que en una guerra de guerrillas tienen todas las de perder: no conocen la ciudad ni la mitad de bien que los insurgentes. Sólo hay un pequeño problema, que en Faluya hay civiles; aunque eso no parece importar. Si se consiguen los objetivos, sólo serán daños colaterales. ¿Y si no se consiguen? Pues habrá que inventar otra cosa para que nadie se acuerde de ellos.

Vamos, lo de siempre. Y las elecciones cada vez más cerca...

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