Ni nos falta razón, ni nos sobra razón

8 de octubre de 2004

Bombas, atentados, terror

Egipto y París son los dos últimos países víctimas del terrorismo. Es curioso que, en ninguno de los dos casos, el objetivo fuesen ciudadanos de esos países. En el primer caso, se ha atentado contra ciudadanos israelíes, y en el segundo contra la embajada de Indonesia. Pero los daños colaterales si han afectado a egipcios y franceses.
Israel apunta a Al Qaeda como la organización responsable de los atentados de Egipto, y las autoridades francesas aún no lo tiene claro, pero casi seguro que acaban estableciendo una conexión con el terrorismo islámico.

Las bombas son el mal que nos toca vivir. El miedo a los atentados es patente en todo el mundo, en España especialmente desde el 11 de marzo. También en Rusia, Irak, Francia, Palestina, Israel, Egipto, Estados Unidos, Pakistán y muchos otros países. Aunque los ciudadanos de a pie no seamos, normalemente, objetivos terroristas, siempre nos acabamos convirtiendo, sin desearlo, en víctimas colaterales. Y estoy seguro de que más del 90% estamos cansados de tanto atentado, de tanto odio y de tanta mierda.
Sólo queremos vivir. Vivir en paz, vivir tranquilos, empapados de respeto y diálogo. Lo mismo la mayoría de los católicos que la mayoría de los budistas, musulmanes, ateos, protestantes o judíos. Me molesta que una minoría pueda conducir a una mayoría al odio y a la destrucción. Estoy cansado de ver como muchos mueren defendiendo una patria que no es más que un pedazo de tierra que, encima, no suele ser suya.
Una mezcla de asco, hastío, lástima y miedo me inunda últimamente. Y ya no sé que hacer, porque gritar no parece que sirva y las palabras las callan con pistolas y dinero. ¡Qué alguien tire del freno de emergencia!

Pasado está...

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